Namaarie

agosto 20, 2007

Calavera en llamas

[Semiplano desconocido, 5 al 8 de Flamerule, 1372 CV Año de la Magia Salvaje]

Namaarie. Hasta pronto.Fue la última en morir. Derrota. Caos. Dolor. Angustia. Sangre. Fuego abrasador… por todo eso había pasado en aquella blanquecina torre que por dentro estaba llena de oscuridad. La sonrisa de Rymolen. Ese fue el último pensamiento de Lya Sinnaodel de Evereska cuando se derrumbó en el suelo en un montón de huesos, piel y alma calcinadas.

Hacía un par de horas que gracias a su tenacidad habían encontrado una ruta para intentar acceder a la Torre de Mourel bajo tierra. Drachenn y Kelmer se habían esforzado en intentar calmarla cuando vio de nuevo a la supuesta banshee, más que nada por ser prácticos, pues les parecía que estar demasiado tiempo en aquel lugar sin naturaleza, sin agua ni alimentos, y sin una salida obvia, les volvería locos. Ella y el druida humano habían observado la protección que recorría la prístina torre sin encontrar una entrada segura. Fuese lo que fuese aquella barrera, era dañina. La única opción, como dijo el pragmático hombre de los bosques era regresar a donde habían estado ¿ayer?: la cueva de los osos búho.

La guarida de los osos lechuza era poco más que eso. A Lya le sorprendió encontrarse con raciones marcadas en el cuneiforme lenguaje de los elfos en manos de aquellas bestias salvajes, pero no había tiempo para preguntar. Había dos de ellos, que se esforzaban en ocultar a una de sus crías. Los osos búho demostraron ser poco más que criaturas con cierta inteligencia, pero demasiado salvajes para aplicarla. El semiorco luchador fue atrapado un par de veces entre los fuertes brazos de las bestias mágicas, en una lucha casi de igual a igual. La elfa se había mantenido a salvo, disparando sus flechas una y otra vez. Así y todo había sido Kelmer el que había derrotado con limpieza a los dos grandullones, con sendas estocadas al corazón.

La pícara había explorado las paredes de la gruta. Para todos había sido evidente el chocar de la roca contra la roca, lo que indicaba que los osos buho habían escondido a su cría tras alguna puerta secreta. ¡Y voilà! Sus dedos, acostumbrados a descubrir el menor resquicio que permitiese abrir una puerta o un cofre, hallaron una puerta disimulada en la gruta natural. Al atravesarla el panorama cambió. No cabía duda que aquello sí que era obra de los elfos… aunque elfos no demasiado agradables, por lo que parecía.

Los tres aventureros habían salido a un pozo lleno de osamentas que Kelmer corroboró eran de elfos. Al parecer aquel había sido un “pozo de la muerte” en el que los prisioneros eran arrojados una vez muertos. Una estrecha escalerilla ascendía hasta unos calabozos vacíos. Allí había habido combate, siglos atrás. Varios elfos vestidos con libreas distintivas de algún cuerpo de élite earlanni yacían siendo poco más que esqueletos desperdigados por doquier. Pero no había demasiado tiempo para entretenerse dando clases de historia. Lya Sinnaodel estaba satisfecha pues había conseguido la primera parte de su objetivo: entrar en la torre. Mourel había sido un nigromante que se había excedido en sus confianzas para con la corte y el resto de elfos de su época. Sus ideas no eran bien vistas, y por lo que parecía, los conservadores ar’quessir habían enviado un grupo de soldados a destruir la malevolente obra del arcanista. De momento la historia se corroboraba. Rymolen le había hablado, en el breve periodo de tiempo en que habían estado juntos después del sitio de Evereska, que sabía que el tal Shargrailar, el objeto que según él podría ayudar a la causa, se había visto en la Torre de Mourel. Había sido difícil hallarla, pero al fin estaba allí. Lya no se planteó nunca como el carismático elfo sabía esa información, ni de porqué estaba tan seguro de ello, pero al menos ella iba por buen camino.

Sin mucha dificultad encontraron al osezno lechuza, que se escondía en un almacen, del que probablemente las criaturas habían obtenido la comida elfa que tenían en su guarida. Drachenn y ella dejaron paso al druida, que se empeñó en dejarlo vivo y encerrarlo en una jaula para volver luego a por el con no sabía cual excusa referente a que era un animal del bosque. A Lya le pareció un poco cruel el dejarlo allí, pero todos consintieron. Lo importante era seguir adelante.

Al fin una puerta, que no se resistió a las ganzúas ocultas en su anillo, permitía ascender por la torre. Desde luego, sí que iban por buen camino. Mientras el semiorco y el norteño se entretenían observando los esqueletos de más elfos, ella subió hasta el primer rellano, donde una enorme puerta doble con runas en espruar indicaban que era… o había sido, la biblioteca. Según las notas de Celahir era una de las mayores bibliotecas de su época, llena de conocimientos sobre magia y costumbres arcanas elfas. La puerta, por desgracia, estaba cerrada. Pero Lya no había agotado su buena suerte; aunque la protección mágica de la doble hoja de madera saltó, en un estallido que afecto incluso a sus dos compañeros, ella se lanzó a tiempo a un lado y no sufrió más que alguna magulladura. Al otro lado había poco de interés. Una enorme biblioteca… arrasada. El suelo era un charco de agua, y parecía que alguien había intentado incendiar todos los libros, consiguiéndolo en parte. No había ni salida ni nada de “valor” en aquel piso. Había que seguir subiendo.

Los tres ascendieron hasta el siguiente y penúltimo rellano. En aquel lugar la escalera de caracol se había desmoronado, impidiendo la ascensión. El suelo estaba sembrado de esqueletos, pero había también un par de humanos más recientes. Según Kelmer llevarían medio año muertos, uno por heridas de arma blanca y el otro por quemaduras. La puerta de aquella sala estaba entreabierta…

Lya entró en la antesala de su muerte para encontrarse con un hemiciclo del que partían tres puertas. Fue lo único que vio pues la estancia se iluminó por completo por una luz verdosa cuando tres esqueletos de guerreros elfos y una calavera en llamas cobraron vida ante sus asombrados ojos. La luz fatua, verde, de la calavera relampagueó cuando le espetaba en un elfo antiguo las siguientes palabras:

No deberías haber venido. Los secretos de Mourel no son de tu incumbencia y tu curiosidad te llevará a la muerte.

Acto seguido el cráneo, inscrito con multitud de runas, lanzaba llamaradas por los ojos. Lya se apoyó contra la pared haciendo un gesto a Drachenn para que tomase la posición. El ceñudo semiorco se enfrentó con fiereza a los esqueletos que avanzaban rápido hasta la puerta. Su mayal, en un movimiento repentino esparció los huesos de un par de ellos por el suelo. El cráneo flotante seguía con su retahíla de frases élficas pero en uno de aquellos instantes de su boca surgió una llamarada grande que estalló en una bola de fuego sobre los tres héroes.

Kelmer y Lya se parapetaron tras la puerta, que aunque humeante quedó en pie, pero Drachenn que se lanzaba sobre el tercer esqueleto fue absorbido por el fuego mágico de aquel horrendo ser, guardián de Mourel. Cuando la llamarada desapareció, el tercer esqueleto y Drachenn eran poco más que brasas ardientes.

Pero no había tiempo para llorar a los muertos. Envalentonados por su resistencia al ataque, Kelmer y Lya se abrieron paso hacia el cráneo, que flotaba envuelto en una bruma verdosa, y que se transformó en cuatro ante los atónitos ojos de ambos aventureros. Las flechas de la elfa no conseguían abrir brecha en el pequeño cráneo, que se movía sin parar, haciéndolo difícil de alcanzar. El druida humano peleaba con ardor, frente a las criaturas, que le rodeaban y le miraban con sus cuencas llenas de fuego verde. El mismo fuego caía sobre el ropaje del druida, que usaba su fe en Mielikki para aplacarlo.

Lya no salió indemne del combate. Se mantenía en segunda línea, dolorida aún por las llamaradas y la energía eléctrica que aquel guardián óseo lanzaba sobre ella y el druida. Éste intentaba ganar tiempo e iba debilitando a sus enemigos empleando el mayal del camarada caído Drachenn. Hasta tres de las calaveras se deshicieron bajo los mandobles del hombretón, que luchaba como un jabalí salvaje. Lya se aplicaba los ungüentos que podía para intentar recuperarse a tiempo. Cuando volvió a mirar vio como Kelmer Lowoak se lanzaba en carga contra la calavera, intentando destruirla de una vez por todas. Pero el cráneo se movía con rapidez y esquivó parcialmente el golpe, que le reventó la mandíbula. El druida quedó en el suelo arrodillado, fatigado por tanto tiempo peleando y miró a Lya. Fue la última vez que lo vió, pues acto seguido cayó envuelto en llamas verdosas provenientes del aprendiz de Mourel. El grito de dolor de Kelmer era más una plegaria de agradecimiento a Mielikki, la Dama del Bosque, y eso hizo que Lya Sinnaodel fuera fiel a su promesa. Se incorporó como pudo, malherida y agarró su arco. Fuera como fuese había prometido no abandonar aquella torre siniestra sin el grial que había venido a buscar.

Cuando la criatura infernal se acercó, la teu’quessir tensó su flecha sabiendo que sería la última. El proyectil plateado golpeó contra la calavera pero no consiguió detenerla. Poco después, de los ojos de su enemigo salieron dos sendos rayos de un fuego abrasador que hizo que su ropa empezase a arder. Lya no chilló aguantando estoicamente….

No deberías haber venido. Los secretos de Mourel no son de tu incumbencia y tu curiosidad te llevará a la muerte.

Fueron las últimas palabras que escuchó.

* * *

[Personaje] – [Ordinarios]+[Extras]+[Objetivos]+[Trasfondo]+[Interpretación]

 

  • Drachenn [som Gue 2 – Draco] – abrasado por una bola de fuego.
  • Kelmer [hm Dru [Mielikki] 5 – Orlak] – abrasado por los rayos de la calavera en llamas.
  • Lya [elpf Pic 4 – Anuk] – abrasada por los rayos de la calavera en llamas.

TPK – Total Player Killed, segundo de El Legado. 😦

MPJ: – No aplicable aunque se permiten comentarios y votaciones.

Ilustración Flameskull por Jim Pavelec (WotC-Lost Empires of Faerûn)
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6 comentarios to “Namaarie”


  1. Lamento mucho la muerte del grupo, y más cuando en parte haya colaborado un fallo de interpretación de reglas.

    Esto me obliga a plantearme ciertas cosas, como la preparación de las aventuras y quizás un poco más la valoración de la consecución de objetivos y de las pruebas a superar. En muchas ocasiones, los valores defensivos no están para nada equilibrados (cosa que ya habíamos corroborado unas cuantas veces) pero no es excusa. Hoy estuvisteis a punto (concretamente 3 pg) pero la balanza se inclinó del lado de Mourel.

    Me duele por el cambio de cariz de la campaña y de los PJs que ahora quedan “huérfanos” de compañeros,y por todos en general, pero especialmente por el druida que era un pilar básico en las motivaciones para la defensa de al menos Aguasfuertes.

    En fin, por algo esta torre llevaba unos cuantos siglos oculta.

    ¡El PJ ha muerto, larga vida al PJ!

  2. Adrun Says:

    Tenía un mal presentimiento con esa torre, me resistía a ir. Pero la palabra estaba dada y lo intentaría. Lástima que esa elfa fuera tan impaciente, no podía esperar un par de días más…

    Marché un día antes de su partida, en dirección a la Arboleta de las Fatas, a cumplir mis ritos mensuales. Me despedí con alguna mirada de odio clavada en la espalda, esperando poder volver a verles cuando terminara mis obligaciones. Caminé con ciertas dificultades para orientarme, pero orgulloso de saber caminar por el bosque y llegar a un destino con pocos días de retraso. Hace unos meses directamente me hubiera perdido, y en el bosque no hay mesones para hacer ameno el paso del tiempo.

    La arboleda seguía igual, con nuevos brotes allí donde los drow habían provocado el derrumbe. Aproveché mi nueva tienda y esperé el tiempo necesario para estar en comunión con mi diosa, para que los seres del bosque se acercaran a mi y pudiera realizar el servicio que les debo.

    Sin embargo, al tercer día allí, antes de mi partida de vuelta, tuve un sueño, un sueño de sangre. Un mal presentimiento que volvía a mi con fuerza. Espero que a esos tres locos no les haya pasado nada… duermo mucho, en ocasiones lo hago donde debería evitarlo, incluso en medio de una batalla. Pero raro es que tenga una pesadilla así, tan real. Seguramente sea el lugar, que me hace más cercano a mi diosa.

    Partiré al alba, intentaré dar un pequeño rodeo esta vez hacia donde recuerdo que dijeron que buscarían esa dichosa torre. Al menos calmar mi inquietud y con suerte no tener que soltarles un “os lo dije”. Después Aguasfuertes me espera, hay una cabaña que espera a ser construida y será donde espero volver a encontrarles y quitarme de encima esta sensación de malestar.

    La dama es grande, y uno de sus seguidores va con ellos. No pueden tener muchos problemas si no hacen alguna locura…

  3. Draco Says:

    Pues nada. Toca renovar la plantilla.

    Aunque con tanto cambio de reparto, El Legado va a parecer un spin-off de sí mismo.

  4. Orlak Says:

    Murió joven, le quedaba mucha vida por delante, suele ser un tópico dicho en cada entierro de alguien joven. Pero esta vez es una gran verdad, Kelmer Lowoak, aun le quedaban muchas cosas por hacer, y puede que acabar con Hark o salvar Aguasfuertes…

    Ha caído lejos de la Dama, y no tendrá entierro, pero una oración a Mielikki que guié su espíritu al Gran Bosque. Algún día volverá al bosque alto como lo que su espíritu es, un gran roble.

    Y alguien ocupará su puesto como miembro de la orden de jade, y salvador de Aguasfuertes.

  5. Aventurero Says:

    Buenas. Gran trabajo de recopilación de una de las mejores campañas de RPGA. Al parecer habéis dejado la campaña, ¿no? O al menos no habéis continuado registrándola en el blog. Me gustaría ponerme en contacto con el DM si es posible. Una vez más, felicidades por el esfuerzo. Me ha gustado mucho leerla y os ha quedado genial.


    • ¡Hola Aventurero!
      Gracias por tus palabras amables. La campaña fue divertida mientras duró (bastante tiempo) pero hace ya años que no volvemos por las tierras del Regente Verde (por el 2007). Con el TPK de la partida de Namaarie, con todos los PJs muertos, cambiamos a otros aires. Concretamente a Pathfinder y sus Señores de la Runa. Pero se agradecen las visitas y los comentarios. Cualquier cosa que quieras comentarme danny.roler (at) gmail.com.


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